Mostrando entradas con la etiqueta La mansión de los ángeles durmientes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La mansión de los ángeles durmientes. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de julio de 2009

¡¡¡Tu lo que estás viendo es un post cutre volando!!!

¡Aviso! Este post no viene a cuento, es un "post popurrí" (como dice Deed)
1. Voy a hacer un Webcomic ^^ Aún no tengo ni zorra idea de qué va a ir el cómic, las páginas, los capítulos...etc, pero quiero hacerlo. Ya se me ocurrirá algo.

2. ¿Conocéis Shinshi Dôumei Cross (también conocido como "The gentlemen alliance") de Arina Tanemura? Pues bien, la editorial Glénat hace un concurso, cuyo premio va a ser ni más ni menos que el Artbook de la serie + La obra completa (oséase, los 11 tomos que constan en ella) Como buena fan de Arina Tanemura, y encima de ShinDo, voy a participar, si os interesa, tenéis las bases del concurso y otras cosas aquí. (Uys,que graciosos, se ha quedado el quí, y el a no...estoy practicando con esto de los Links xD)

3. No voy a continuar con "La mansión de los ángeles durmientes", es que me la he releído (tenía siete capítulos hechos) y he visto que no tiene ni pies ni cabeza, claro, como la empezé hace más o menos año y medio/dos años...Pues mi manera de escribir a cambiado (a mejor, creo yo) y veo las cosas de otra manera que antes...Pues eso.

4. Una amiga mía (Klonoa) ha creado un foro sobre Yaoi entre otras cosas...Así que me he apuntado...Y...ala, que...que el foro mola...y que os apuntéis...Y...y...y...mola...y...*miedo* (es que dice que si no hago lo que dice obligará a cierta persona a que se cosplaye de tía y...y...y...no quiero...Se vaya a convertir en un Uke...¡¡¡Y EL UKE SOY YO!!! (que sí, que soy una chica, pero digo lo del Uke igualmente xD) Meteros...quiero seguir viviendo...

5. Por el culo te la hinco.

6. Me estoy viendo Death Note ^.^ La verdad es que me lo empecé a ver hace dos años, más o menos, vi los dos primeros capítulos y dejé de verlo porque me aburría...Pero ahora, entre que mi ex-compañera de pupitre (obviamente, ahora es verano y no compartimos mesa...xD) es una fan TOTAL de la serie, que TODOS mis amigos frikis son TOTALMENTE fans de la serie, que cierta persona tiene un TOTAL parecido a L (y yo soy fangirl de L) pues lo he vuelto a ver y me ha encantado. Me encanta que mezcle asesinatos y mentes frías en plan thriller con cosas que no vienen a cuento como Shinigamis con mono de manzana xD. Lo malo es que viendo los pensamientos, reacciones, acciones de L y Light/Kira/Raito/Dios del nuevo mundo, etc... pues me hacen sentir gilipollas...
...como todos en la serie fueran unos novels y yo fuera la más tonta de ahí...
...bueno...siempre queda la esperanza que Misa siempre será más imbécil que tú, xD
Y me he aficionado al ending *w*


Es que...me siento identificada con la letra...
sobre todo con estas partes:
-"Pensamientos que no puedo desechar habitan en mi cuerpo"
-"Ya que poseo un corazon que anhela poderosamente..."
-"No seré tan débil como para ser capturado por cosas negativas"
Y, sobre todo...
"Soy un embustero que no conoce la soledad"
...Y tanto la canción como las imágenes del ending 2 son totalmente rayantes.
7. Me he empezado a ver Loveless (gracias a la recomendación de Nayi y Klonoa) vamos, he visto el primer capítulo.



...Y me he enamorado del ending otra vez xD.
Con éste me siento identificada también...Si leéis la letra...Prometo que pondré un Flashback de eso :D!!

Y ya no me queda nada que poner...U.u''

Pues un beso y que sigáis todos así de majos ^w^

lunes, 5 de enero de 2009

La mansión de los ángeles durmientes, cap. 3 (Por fiiiin xDDD)

Capítulo tercero.
Para Elisa.

En cuanto Jane salió de la habitación me senté en la cama. Me volví a levantar bruscamente. Me senté corriendo de nuevo. Decidí que era mejor levantarse. Me encontraba fatal. Andaba con nerviosismo de un lado para otro de la habitación. ¿Qué haría ahora? No iba a estar allí abusando de la hospitalidad de la familia de Eric para siempre, eso no me hacía ninguna gracia. Mi yo con halo y alas preguntaba y mi otro yo, el que tiene cuernos y rabo, contestaba
¿Dónde duermo?
Donde pilles, que si duermes al ladito de Angela tampoco te vas a morir. Ya te comprarán algo.
¿Cómo les compenso?
Trabajando
¿Trabajando en qué?
Ahí ya no encontré qué responderme a mí misma.
No me di cuenta de que estaba casi llorando de pánico. Dos minutos después, fui consciente de que Eric me miraba con cara ligeramente extrañada.
--¿Qué te pasa?- terminó por preguntarme.
-Que estoy hecha un lío.-Respondí de muy mala gana.
-¿Por qué?
Suspiré con fastidio.
-¡Que no tengo a donde ir! ¿¡No te das cuenta!?
-Puedes quedarte aquí. Ven-Me dijo con una sonrisa y dando palmaditas en el hueco junto al asiento donde estaba él.
-Me niego a sentarme junto a ti.
Sonrió.
-¿Por qué no?
Lo miré con desconfianza.
-Porque no.
-Eso no es una respuesta. Siéntate, por favor-Me rogó- Me gustaría que no llevásemos bien.
-Pues a mí no me gustaría.
-¿Por qué no?
Puse los ojos en blanco enfadada.
-¿Te quieres callar?
Salí enfadada de la habitación y bajé por las escaleras encaminada hacia la salida. Aunque me detuve en una de las habitaciones que más me impresionaron desde el principio, la habitación en forma circular. Me quedé sorprendida al ver que en el centro de la sala había un piano de cola blanco. Eso no estaba la última vez que entré en aquella habitación. Me acerqué pausadamente y miré el piano. Rocé con el dedo índice todas y cada una de las teclas. Probé a tocar el fa sostenido. Se escuchó angelicalmente.
Me senté en el taburete que había junto al piano de buena gana y comencé a tocar la sinfonía “Para Elisa”. Esbocé una sonrisa al ver que con ese instrumento perfecto se escuchaba cada nota maravillosamente. Me pregunté si volvería a ver alguna vez en mi vida un piano tan bien hecho. Era una pieza de coleccionista.
Estaba tan absorta tocando el piano que no me di cuenta que Angela se encontraba junto a mí, mirando sorprendida como tocaba el piano. Me llevé tal susto que en vez de terminar con la nota correspondiente terminé tocando una nota dos escalas mayores. La niña me miraba con una carita de un angelito curioso.
--¡Que bonito!
--Gracias- Dije sonriendo, me encantaba que las personas me dijeran que les gustaba cómo tocaba o cantaba, era como una compensación a todos mis esfuerzos de años por aprender.
--¿Cómo lo haces?
--Tocando.-La respuesta más obvia del mundo- Todos los días. Estudio mucho, e iba a una escuela.
--Solo mi papá toca tan bien.
--¿De verdad?
--Nuestro padre es músico- Oí de lejos a Eric. Lo vi acercarse a nosotras. Yo me levanté bastante enfadada. Y subí arriba con fastidio. No quería ni tan siquiera oír ni hablar a Eric. Si decía una sola palabra en mi presencia, seguramente diría o algo que me heriría o alguna estupidez enorme. Supuse que lo mejor era que me marchaba. ¿Por qué tenía aquella manía ese idiota de aparecer siempre que me sentía más o menos bien?
Cuando estaba subiendo la escalera con fastidio y, de repente, escuché a lo lejos la conversación de Eric con su hermanita:
--Eric, ¿Por qué se enfada ella?
--Bueno, no lo entenderías…
--¡Que sí que lo entenderé! ¡Cuéntamelo, Eric!
--Que no, pesada.
Cambié de idea, bajé la escalera rápidamente y entré de nuevo en la habitación redondeada y blanca, me apoyé en el marco de la puerta con los brazos cruzados, y contesté por Eric:
--Te diré lo que pasa, Angela…Lo que ocurre es que has tenido la mala suerte de tener un hermanito idiota. Lo siento de veras.
Angela miró a su hermano curiosa.
--Vaya quien lo dice, la que tira cuadros por la ventana y grita como una desquiciada.- Ese pesado ya estaba molestando otra vez-
--Si pretendes enfadarme, no lo conseguirás solo con esa nimiedad.-Pronuncié “nimiedad” un poco más fuerte que el resto de la frase.
--No pretendía enfadarte, de hecho, me eres indiferente.-Eso me hirió, que te digan eso, sea quien sea el que lo diga, duele, pero tenía que disimular, aunque no pude evitar mirarle con recelo- Ya me disculpé una vez, no te lo voy a pedir dos veces.
--¿Perdona? ¿Has dicho algo? ¡Vaya! ¡Es que hace un viento que no oigo nada!-Si pensaba que me iba a quedar calladita y llorando en un rincón lo llevaba claro.
Vi que me miraba mal y que soltó un pequeño gruñido por lo bajo, lo conseguí molestar.
Me di media vuelta y sonreí, por fin conseguí quitarme a Eric de encima. Cogí a su hermana de la mano –Creo que hasta ella era más adulta que ese niñato, y él tendría diez años más o algo así.-
--Vamos, Angela, jugaremos tú y yo a lo que quieras.
--¿De verdad?-Parecía contenta. Hasta diría que se le iluminó la cara y le brillaron más los ojos.
--Pues claro. –Me había enamorado de la ternura e inocencia de la pequeña.
La hermana de Eric me caía realmente bien, si se dejaba convencer y me convertía en la hermana mayor que nunca tuvo-y ella en la hermanita pequeña que nunca tuve- como antes dije, podría hacer que se pusiera en contra de Eric. No sería tarea fácil, pero valdría la pena intentarlo.
Angela se bajó de mis brazos y subió corriendo y felizmente a su habitación. Yo la seguí un poco más pausada.
Cuando entré en la habitación ella se hallaba sentada junto al baúl, sacando muñequitas y más muñequitas de porcelana.
Una, de piel blanca, y unos grandes ojos verdes. Pelo rojo y largo, ondulado con un recogido delicadamente con un lazo de los mismos colores que su vestidito de encaje, de colores rosados.
La otra muñeca era rubia, de ojos azules. Pero llevaba el pelo suelto y un vestido exactamente igual que el de la otra muñeca de porcelana, sólo que era de color blanco.
Recordé “aquellos maravillosos años” en que en algunas de mis amiguitas y yo nos traíamos las Barbies al recreo y jugábamos animadamente durante toda la hora. ¿Cuántos años tendría? ¿Siete? ¿Ocho?
Estuvimos algo así como hora y pico jugando. Por suerte, en ese tiempo, Eric no vino a molestar.
Mientras peinaba con las manos la muñeca rubia, le pregunté a Angela: -¿Y tu hermano juega a esto contigo?-Se me escapó una risita al imaginarme a Eric vestido con la misma ropa que las muñecas y diciendo “¿Desea un poco más de té, señorita Madeleine?”
–No, siempre está con Alexander…
Miré a Angela interrogante.
– ¿Alexander?
–El amigo de Eric-Me aclaró.
Tiembla. Si Eric de por sí era insoportable imagínate si eran dos.
Miré por la ventana. ¿Ya había oscurecido…? Se me había pasado la tarde volando.
-Bueno, Angela, creo que ya va siendo hora de que lo vayamos dejando.
Me miró con cara de corderito degollado.
-¿…Ya? ¿No podemos jugar un poco más?
Cerré los ojos para soportar ese repentino ataque de dulzura infantil. Con un esfuerzo, dije:
-No… Venga, vamos a guardarlo todo. Te prometo que mañana jugaremos otra vez.
Angela se quedó callada durante un rato. Quieta y mirando al suelo. Finalmente, cedió y guardó la muñeca pelirroja en el baúl. Yo metí la rubia y lo cerré con cuidado. La tapa pesaba un poco, seguramente si la dejaba caer haría un estruendo horriblemente desagradable.
Angela se quedó en la habitación un rato más en la habitación y yo bajé a la cocina a ayudar a Jane con la cena. Bajé de nuevo por las escaleras. Me quedé parada a la mitad de la escalera. Antes había explorado la casa, pero… ¿Dónde estaba la cocina? Volví a subir y entré en la habitación de Angela. Mientras abría la puerta pregunté:
-Angela, ¿Me dices donde está la…?
Me di cuenta de que se quedó dormida encima de la cama. Parecía un angelito. La cogí en brazos y pude sentir como respiraba regularmente. Pasé de cogerla con los dos brazos a cogerla con uno solo mientras separaba las sábanas y ponía a Angela sobre la cama. La tapé con las sábanas mientras tarareaba una nana, la primera de la que me acordé. Cuando terminé le deseé las buenas noches y salí de la habitación.
En fin, tendré que buscarla yo misma…
Decidí empezar desde el piso en el que estaba. Ojeé rápidamente casi todas las habitaciones. Todas excepto la que se encontraba justo enfrente de la de Angela: La de Eric.
La habitación del sirviente-donde no había ni rastro del sirviente-, La de Jane y, me imagino, que de su marido, el músico. El baño, la escalera…Nada. No había cocina.
Bajé por las escaleras y me dejé guiar por el olor de la comida. En la habitación del piano era bastante más débil, y en el piso de arriba no había ni rastro del aroma. Fui consciente de que en la habitación de la escalera no sólo estaba eso. Me fijé que a un lado había una puerta. Entré. Había otro largo pasillo, como el que unía la entrada con la sala del piano. A excepción de que éste tenía algunas puertas. Empecé por ir al fondo a la derecha. Las habitaciones que buscas casi siempre están en esa posición. No. Había un baño pequeño. Recordé que la ley del fondo a la derecha sólo funcionaba con los cuartos de baño. Salí y anduve por el pasillo entré en la habitación del fondo. El olor era bastante más fuerte. Estaba cerca. Sonreí. Había una larga habitación con mesa incluida. Era el comedor. Fui consciente de que al fondo había otra puerta abierta del que salía un poco de humo.
-¿Jane? ¿Estás aquí?-Pregunté a media voz.
-¡Sí! ¿Deseas algo?- Contestó un poco más alto.
- ¿Quieres que te ayude en algo?
- No, ya está todo. Si quieres, avisa Angela y Eric.
Escuchar ese último nombre me produjo un desagradable escalofrío.
- Angela se ha quedado dormida.
Jane soltó una risita dulce y cristalina.
-¡Despiértala! Dormir puede dormir luego. Comer no puede comer hasta mañana.
Se me soltó una risilla ante aquel original comentario.
-Lo haré.
Salí al comedor y fui hacia la escalera. Mientras caminaba por el pasillo, me di cuenta de que me sorprendía muchísimo el hecho de que, a pesar de tener tanto dinero- No lo habían dicho, pero lo suponía-, la familia era muy hospitalaria. Y, por ahora, me habían recibido con los brazos abiertos. Era extraño. Demasiado extraño.
Subí las escaleras y entré en el cuarto de Angela. Seguía durmiendo.
Le acaricié la mejilla con las yemas de los dedos.
-Angela, despierta.- Susurré.
Angela se movió un poco, pero no se despertó. Puse los ojos en blanco.
-¿Angela?-Dije un poco más alto. No reaccionaba demasiado.
-¡Angela!- Terminé casi gritando.
La niña abrió los ojos de par en par.
-¡Ah!-Exclamó.
-A cenar. Ve bajando. Tengo que avisar a Eric.
Angela salió de su dormitorio y bajo por las escaleras. Yo entré en la habitación de enfrente. Abriendo la puerta de par en par, haciendo acto de mi presencia.
-¡Eh, Da Vinci! ¡Baja a comer!-Le dije en un tono despectivo mientras abría la puerta.
“Da Vinci” se levantó y salió de su dormitorio. No le presté atención a lo que tenía en la habitación. Me importaba un pimiento. Bajé las escaleras.
Minuto y medio después, estábamos todos en el comedor.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Ale, subo los dos capítulos de La mansión de los ángeles durmientes...

Primer capítulo.
La mansión.
Caminaba tranquilamente por una calle cualquiera de la ciudad una noche de un 13 de Octubre a las cuatro y media de la madrugada. Una calle del centro. ¿O era de las afueras? No estaba segura. No me sonaba esa calle. No la conocía. Pero me agradaba, aunque estaba oscuro, admiraba el paisaje, era una calle antigua, la calle asfaltada con piedras blancas y negras, era muy amplia, llena de enormes casas del siglo pasado. Con paso seguro y firme seguía caminando. Me daba igual perderme o no…en mi casa ya no me esperaba nadie desde hacía tiempo. Desde hacía tres años.
Caminé embobada por la belleza de aquellos árboles apenas visibles cuando, de repente, vi una casa.
Era una casa diferente a las que vi anteriormente. Una casa enorme, abandonada, como el resto de mansiones de la calle, donde los insectos, malas hierbas y hiedra parecían sus únicos moradores. Iba a pasar de largo y continuar mi camino sin rumbo, pero no podía. El halo de misterio de la casa me llamaba, me rogaba que entrara dentro, como si la voz sugerente y seductora de un ángel me estuviera susurrando al oído: <>.
Y a mi me encantaban los ángeles.
Sin dudarlo ni un minuto más entré curiosa en la morada por la puerta, que estaba abierta, y me coloqué en el jardín oscurísimo. Me dio un escalofrío que me recorrió desde la punta de los pies hasta la cabeza, pasando por la columna vertebral. Miré hacia mi espalda asustada y no vi nada, la típica reacción que haría todo el mundo cuando está solo en la oscuridad, a ver si veía a alguien o algo. Pero, claro, era de noche, y no podía distinguir nada del todo bien, ya que la farola más cercana a aquella casa se encontraba a veinte o treinta metros. <>, pensé. <>. Di media vuelta y me alejé de aquella mansión.
Pero, al llegar de nuevo a la puerta, en mi cabeza escuché otro susurro. Un susurro del mismo ángel que no existía. Del ángel que me invitó a entrar en esa casa. Esta vez el susurro le dijo: <>
Y yo, como una tonta hipnotizada le hice caso.
Entré por segunda vez en el jardín y caminé hasta la puerta de la entrada. La intenté abrir. Pero no pude. Di puñetazos y patadas con rabia a la puerta, para echarla abajo. Lo único que conseguí fue que me sangrase la mano.
Me escupí sobre la mano dolorida. Para limpiar la herida.
--¡Ah!- Me quejé, cogiéndome la mano herida, la derecha.
Me apoyé en la puerta y me dejé caer lentamente. Tras hacer eso, la puerta se derrumbó y calló al suelo con un estruendo.
Esbocé una sonrisa vencedora y entré en la casa lentamente.
La leve iluminación de la farola que apenas alumbraba el jardín desapareció dentro de la casa.
Busqué en el bolsillo de mi vieja chaqueta negra de cuero y encontré el mechero me que lanzó a la cabeza-sin querer- el batería del grupo de música en que trabajaba. Un mechero cualquiera. El típico mechero transparente de color verde que te vende una china en un bar de tapas.
Lo primero que vi fue la entrada. Una entrada bastante grande. Pero no vi nada más a primera vista. Nada más excepto polvo. Me adentré un poco más en la casa y me di cuenta de que delante de mí se extendía un pasillo, un pasillo terriblemente largo. Parecía muy pesado recorrerlo entero. Pero tenía tanta curiosidad que empecé a caminar pausadamente por el largísimo y estrecho pasillo. No había ninguna habitación en las paredes laterales del pasillo. Cuando iba por la mitad del pasillo al encendedor se le acabó la gasolina y se apagó. Fruncí el ceño mientras le daba con energía a la ruedecilla del mechero, haciendo intentos inútiles para que se encendiera otra vez. Otra estúpida reacción humana. Estaba tan ocupada intentando que el mechero resucitara que no me di cuenta de que al fondo del pasillo había una habitación con una gran puerta. Una puerta tan vieja como la de la entrada de la casa. Sólo que ésta está entreabierta. <> Pensé, mirándome el puño de la mano derecha, que seguía sangrando un poco.
Abrí de par en par la puerta. Ésta chirrió de una manera muy ruidosa. Antes de entrar, asomé la cabeza ligeramente, para ver si había algo raro o estaba dentro alguien-Mi tercera reacción boba de la noche-. No había nada ni nadie, como era de esperar. Sólo una enorme habitación con forma circular. Con el suelo de mármol. Las paredes circulares llenísimas de retratos de, lo que seguramente fueron los antiguos habitantes de la gran casa. Una mujer, un hombre y una niña pequeña.
Entré del todo en la habitación. Me fijé también en que en una parte que no había cuadros había una ventana. Me acerqué a ella, miré desde ésta. Ya había amanecido, así que el mechero ya no me servía. Desde la ventana se veía el jardín de atrás de la casa. Pude apreciar que había una estatua. Una estatua de un ángel. El ángel estaba de pié. Llevaba una túnica. El cabello estaba a la altura de los hombros. La estatua era completamente de bronce. Excepto la parte de las alas. Eran enormes e inspiraban respeto, unas alas hermosas, pero que en vez de bronce eran de plata. O un material parecido.
Cuando aparté la vista de la ventana me di cuenta de que al lado mía había una puerta que estaba completamente abierta. Entré en ella.
En esta recién descubierta sala no había nada. Ningún cuadro. Ningún mueble. Ninguna puerta. Sólo una escalera.
Sin pensarlo dos veces, subí. La escalera era bastante amplia. De un mármol grisáceo, que, seguramente, cuando vivía aquella familia allí, ese mármol era blanco. En el piso de arriba había otro pasillo. Un pasillo mucho más corto, mucho más ancho y, en este, había muchas puertas por las que entrar.
Entré una por una. En la primera había un cuarto de baño antiguo. Con una bañera, algo parecido a un WC, de esos antiguos sin cadena, sino con un agujero. También había una especie lavabo con una palangana y un cristal roto; en otra, había una habitación que parecía de matrimonio, una cama con una colcha descolorida que antes fue de color rosa palo, había una ventana que daba al jardín de la estatua del ángel y un armario enorme, donde no había nada dentro, salvo polvo y telarañas; entré en la siguiente puerta, dentro había la habitación de lo que seguramente, hace mucho tiempo fue una niña. Una habitación con las paredes rosadas, una pequeña cama llena de viejos y sucios osos de peluche, un armario y un baúl, donde dentro había infinidad de viejas, sucias y tétricas muñecas de porcelana; junto al dormitorio de la pequeña había una habitación que me llamó mucho la atención, estaba repleta de lienzos, todos estaban llenos de bocetos, o de retratos parecidos a los que encontré en la puerta circular, tal vez sería la habitación del pintor, si es que tenían; después, entré en otra habitación que era menos cuidada que las otras. Una más sencilla. Con una cama normal-normal en la época de la casa-, un armario y un escritorio que no parecían costar demasiado dinero, la habitación del sirviente, si los antiguos moradores tuvieran uno; en la última habitación había otras escaleras parecidas a las primeras que encontré.
Unas escaleras que conducían a un desván. Un desván con infinidad de baúles, armarios, cajas… y poco más.
Cuando iba a dar media vuelta y dar por concluida la visita, que sólo me había hecho perder el tiempo, escuché una voz. Una voz seductora, la misma voz que me invitó a entrar en la casa en ruinas.
--Te estaba esperando, Samantha-Me dijo esa voz.
Me volví y vi a una mujer, casi al lado mía, con los brazos cruzados y una sonrisa seductora, muy atractiva, un cuerpo esbelto, con el pelo entre castaño y rubio, con un traje bastante ajustado del mismo color que sus ojos, totalmente negro.
--¿Cómo sabes mi nombre?
--Y, créeme, no sólo sé eso.
--¿Qué?
--Que no sólo sé que te llamas Samantha, sé, por ejemplo, que vives sola, en esta ciudad. Que tienes 19 años, que trabajas en un grupo de música, como vocalista, que tus padres murieron hace tres años en un…”accidente”- La palabra “Accidente” la dijo con un leve sarcasmo.
--¿Por qué me llamas? ¿Por qué sabes todo eso de mí? ¿Por qué dices eso de mis padres? ¿Sabes algo acaso?
No me lo podía creer. No me lo quería creer. Me palideció la cara, sentí que las piernas me fallaban, que me faltaba la respiración. Me comunicaron hace tres años que mis padres habían muerto en un accidente de coche. Cuando sólo era una cría, con 16 años. Cuando volvían de un viaje. ¡Un accidente de coche! ¿Cómo de repente una desconocida sabía todo eso de mí? Sabía mi nombre, dónde vivía, qué edad tenía, en qué trabajaba…Lo sabía todo sobre mi vida. No podía ser.
La mujer, que tenía que tener pocos años más que yo, me dedicó una media sonrisa.
--Yo maté a tus padres.
--¡¿QUE TU QUÉ?!
Y para colmo me soltaba eso. No lo pude evitar, cogí lo primero que alcanzó mi sangrienta mano
-creo que era una barra de algo muy duro, hierro o algo así- Y corrí con la barra alzada para golpear a esa maldita zorra en la cabeza. Pero ella se apartó y me pegué tal leche contra el suelo que levantó el polvo de las cajas y los viejos muebles, por no hablar del suelo. La chica se acercó pausadamente hacia mí, cuando estaba justo delante de mí, se puso en cuclillas para que pudiera ver en su asquerosa cara una expresión de felicidad que yo no comprendí.
--Yo maté a tus padres. Y ahora te mataré a ti.-Su sonrisa aumentó.
Con el más grande esfuerzo que hice en mi vida, pude articular una sola sílaba:
--No.
Cuando estaba a punto de hacerme a saber qué, en el momento más terrorífico de mi vida, me levanté rápidamente y eché a correr. No me apetecía mucho morir asesinada con 19 años, siempre pensé que moriría de vieja, la mortalidad más normal. Pasé a la velocidad de la luz por la escalera, el pasillo, la entrada… ¡La entrada! Si salía de la casa tal vez sobreviviría. No me había alcanzado. Eso creía…
Pero sí que lo había hecho.
Ella estaba en la entrada. Esperándola tranquilamente. Con lo ojos clavados en mí. ¿Cómo me había adelantado? ¿Magia? Imposible, hacía tiempo que había dejado de creer en ella. La extraña mujer alzó la mano.
Al levantarla se amontonó una carga de energía o a saber qué, y me lo lanzó. Me cayó en el brazo Me volví a plantear si la magia existía. Puse una mueca de dolor. Y coloqué la mano sobre la parte en que el… ¿hada? Me había dañado. Aunque, para mi sorpresa, al colocar la mano la quité de inmediato, como cuando tocas el fuego. Tenía una quemadura. Miré sorprendida a la que le lanzó esa cosa. ¿Cómo lo había hecho? Eran demasiadas preguntas en tan poco tiempo.
El hada volvió a coger de la mano otra descarga de energía. Pero esta vez la esquivé.
Tenía que irme de allí. Como sea. Si no, moriría.
Me levanté a toda prisa y seguidamente le di un empujón lo más fuerte que pude y volví a correr. Salí rápidamente a la calle, pero… ¡No había nadie por la calle! Aunque eso no me detendría. Otra vez a correr. Pero me detuvo algo. Como si estuviera paralizada. Noté cómo me faltaba la respiración. No podía seguir corriendo. Me llevé las manos al cuello y caí de todillas al suelo. Me estaba asfixiando.
--¡No! ¡Basta ya!- hice una mezcla entre grito y llanto cuando dije aquello.
--Como me divierte ver a la gente cuando se está muriendo…-La chica me estaba asesinando de una manera que yo no podía ni tan si quiera explicar… ¡Con lo fácil que hubiera sido darme un disparo con una pistola y morir rápidamente! El hada-o lo que fuera- no me estaba ni rozando, era increíble, como en los libros de fantasía o en los comics que leía de pequeña.
Un segundo antes de desmayarme, sentí como si alguien me cogiera en brazos y me la llevaba a algún sitio. Pero estaba demasiado débil como para mirar quién sería. ¿El hada? ¿Alguien que vino a salvarme? ¿O simplemente era imaginación mía?











Capítulo segundo.
Locura.
Lo primero que sentí fue que estaba tumbada en una cama o algo así, muy cómoda, como si fueran plumas. Repasé con la palma de la mano el colchón, daba una sensación muy agradable tocarlo. Entreabrí los ojos y me di cuenta de que estaba en una habitación que me sonaba mucho, pero no era la mía. Me levanté lentamente y anduve por la habitación… ¿De qué me sonaba aquel dormitorio? Cuando tenía en la punta de la lengua el lugar, se abrió la puerta y di un respingo. Entró una niña. Era una niña muy bonita, de unos siete años. Tenía el pelo entre castaño oscuro y pelirrojo, hasta la mitad de la espalda, muy rizado y brillante, recogido con un lazo de color rosa más grande que su pequeñita y delicada cabeza. Tenía unos ojos azules cristalinos que me miraban con inquietud y alegría, una piel de tez muy blanca, llevaba un vestido del mismo color del enorme lazo, era un vestido de aquellos que se ponían a principios del siglo XVIII. Me di cuenta de que llevaba una muñequita de trapo casi tan bonita y sonriente como ella cogida de la manita delicada y blanca.
De repente la niña me dijo:
--¡Te has despertado!
Fue corriendo hacia mí y me dio un abrazo. <> pensé.
--Perdone a mi hermana- Oí tras de mí. Era una voz masculina- Es incontrolable
Me di la vuelta y vi a un chico, creo que de mi edad. Era bastante alto, con el pelo de un rubio oscuro. Tenía una piel tan blanca que parecía un fantasma, unos ojos preciosos entre verde y azul oscuro, como el mar. Era muy guapo, la verdad. Vestía un traje muy elegante color negro y, le sentaba bastante bien.
--¿Quiénes sois?-Les pregunté.
--Eric. Y ella-Dijo señalando a la niña- Es mi hermana Angela.
--Hm… ¿Y que hago yo aquí?
--La encontramos en la puerta de nuestra casa tirada en el suelo.-Recordé a la mujer del mono negro-Estaba desmayada y con una herida en el brazo. Lleva dormida dos días.
Entonces, recordé donde estaba. Estaba en la casa abandonada. La última vez que vi esa casa estaba llena de polvo, y totalmente impersonal, y ahora, como si el tiempo no hubiera pasado.
--Oye, Eric.-Dije.
--¿Si?
--¿A qué fecha estamos?
--15 de Octubre.
--Dime el año también.
--¿El año?-Puso una cara extraña, la verdad es que no es muy normal preguntar el año porque eso, creo yo, se suele saber- 1813.
--¡¿1813?!
¿Cómo de repente había vuelto casi doscientos años atrás? ¿Cosa de la mujer de hace dos noches?
--Lleva dos días sin comer. ¿Tiene hambre?
--No, pero… ¿Me puedes tutear?
--Como quieras-Me lanzó una media sonrisa y salió de la habitación junto con su hermana cogida de la mano. En cuento cerraron la puerta fui corriendo a abrir el baúl de Angela. Encontré las mismas muñecas de porcelana que vi hace dos noches, sólo que estaban más limpias y con caras más dulces. Siempre me gustaron ese tipo de muñecas, frías, delicadas, dulces y misteriosas. Aunque, obviamente, no me gustaban cuando están tan viejas y sucias que parecen diabólicas.
Miré por una de las ventanas de la habitación. Decorada delicadamente con espirales pintadas de colores rosados. Vi la entrada, las casas que se veían no eran las mismas que vi la primera vez que pasé por allí. Todas eran enormes, pero no tenían comparación con ésta. Detrás de las casas de podían ver muchísimas montañas, hermosas, fértiles, predominaba el verde. El cielo estaba despejado.-algo muy raro en mi ciudad- . Me perdí mirando el paisaje, tampoco se veía gente, seguramente sería temprano-o muy tarde- Intenté recordar dónde se encontraba mi pequeño apartamento de cincuenta y tres metros cuadrados en el centro de la ciudad, mientras intentaba situarme en qué barrio estaba, apareció Eric.
Se sentó a mi lado y me miró.
--¿Qué? –Pregunté. Se me hacía desagradable que me miraran fijamente.
--Samantha, ¿Qué edad tienes?
--Diecinueve. ¿Y tú?
--Eh…dieciocho. Por cierto, ¿Por qué me preguntaste en qué año estábamos? Creo que es bastante obvio.
--Eh…Es una larga historia…-y no quería contarla.
--Tengo toda la paciencia del mundo- Clavó sus ojos en mí mas todavía. Puedes empezar.
--No sé como explicarme…Es que no lo entiendo ni yo…Eh…Bueno, yo volvía de un…concierto y terminamos más temprano de lo previsto, así que me fui a dar una vuelta por la ciudad…y entré en tu casa. Estaba abandonada.
Eric me interrumpió.
--¿Abandonada?
--Calla y escucha- Fui bastante desagradable, pero yo soy así.
Continué con mi historia.
--Cuando llegué al desván me encontré con una mujer que me intentó atacar. Salí huyendo de la casa, pero me volvió a atacar y me quedé paralizada…Después me desmayé…Y cuando me he querido dar cuenta estoy aquí, en una casa de personas que no conozco…y sola-Me sentí la garganta seca y rompí a llorar.- Es extraño de explicar, pero…No…No soy de tu época...quiero decir, que…Soy de lo que se podría decir… del… futuro…
Las cuatro últimas palabras, entre hipos y lágrimas me fueron especialmente difíciles de decir.
En su cara de incredulidad sólo se escucharon dos palabras.
--Estás loca.
¡Y creía que yo era desagradable! ¡Él era cien veces más borde!
Me levanté de la cama bruscamente y salí de la habitación, Eric también se puso en pié.
--Te puedo acompañar al bañ…
--¡¡SE PERFECTAMENTE DONDE ESTÁ!!-Le interrumpí histérica y dejé claro que salí de la habitación con un portazo.
Salí a grandes zancadas de la habitación y entré en la primera habitación que vi, la que estaba justo enfrente de la habitación donde me desperté, el baño. Pero a pesar de estar segura de que ese era el servicio, me equivoqué y entré en la habitación de los cuadros. Para mi sorpresa, encontré en un lienzo un boceto mío-bastante bien hecho- Durmiendo. Lo rocé con e dedo y lo cogí para examinarlo de cerca. Me habían dibujado…En ese instante, entró Eric.
--Te dije que debería de acompañarte a ir al servicio…Y has terminado en mi habitación.-Hizo una pausa y se dio cuenta de lo que tenía en mis manos. Lo he hecho yo. ¿Te gusta?- Me dijo con una amplia sonrisa.
Pero yo, la verdad es que no estaba para sonrisas, así que me aferré con muchísima fuerza al lienzo con mi retrato a carboncillo, abrí la ventana y lo lancé con todas mis fuerzas. El cuadro salió disparado y dio a parar a la cabeza de la estatua del ángel. La estatua quedó intacta, pero el cuado se rompió en dos. Eso le pasa por retratar a alguien sin el permiso de esa persona.
--Ay, dios…-Eric se quedó más blanco de lo que estaba mientras se puso una mano en la cabeza y cerraba los ojos.- Qué paciencia tienen que tener tus padres…
Odiaba que nombraran a mis padres, sobre todo ahora, que, según aquella mujer, habían muerto asesinados- noté que me fallaban las piernas cuando me caí de rodillas al suelo. Me sentía como si me fueran arrancado el corazón y estuviera muerta. Eric se puso en cuclillas delante de mí y me miró.
--No hagas bobadas y haz el favor de levantarte.
No tenía ni puñetera idea de cómo me sentía yo. Era sólo un niñato mimado que, al menos, fingía tener
Una educación que no poseía. Un insensible, un borde…Resumiendo, era idiota.
Me puse en pié y fui a la habitación donde comenzó esta Odisea. Me tumbé en la cama –casi tirándome en ella por enfado, la tristeza y el agotamiento- Eric me siguió. Estaba empezando a odiarle. Cada vez que abría la boca me parecía más idiota de lo que ya podría ser. Me di media vuelta, dándole la espalda, cogí aire, cerré los ojos y con mucha dificultad pude decir:
--Mis padres están muertos.
No pude ver la cara que puso-Me negaba a ver su cara bonita-Pero seguramente fue de sorpresa.
--Lo lamento.
--No tienes la culpa.
--Lamento haberte dicho loca.
Suspiré con fastidio.
--Cállate.
Nos quedamos un buen rato en un tenso silencio que prefería mil veces antes que volverle a oír hablar. Cuando se escuchó abrir la puerta.
Me di la vuelta y vi a una mujer de cara similar a la niña-Seguramente sería su madre- Tenía unos ojos marrones muy claros y el mismo pelo rubio oscuro de Eric. Se me antojó que tendría unos treinta y largos. Me di cuenta de que detrás de ella estaba Angela. Agarrada la misma muñequita de antes.
--He oído gritos. ¿Qué ha pasado aquí, Eric?-Dijo la mujer.
--Ha despertado.-Dijo señalándome.
Me di media vuelta y me levanté de la cama.
La mujer me miró de reojo y se acercó.
--Hola, mi nombre es Jane, soy la madre de Angela y Eric. Discúlpeme por no haber aparecido con anterioridad, pero me encontraba ocupada.-Me dijo tendiéndome la mano. Con esa forma de hablar, parecía una camarera de un caro restaurante
--Eh…Mucho gusto-Le cogí la mano en señal de presentación.-Soy Samantha.
--Tiene los ojos rojos, ¿está bien?
--Perfectamente-Contesté mirando de reojo y con recelo a Eric.
--Si me disculpa, voy a preparar la cena…Ya va siendo hora.
--Un momento...-Callé un segundo para recordar el nombre-Jane Me gustaría decirle que no me parece bien que me hablen de usted, ¿Le importaría, si no le es mucha molestia, tutearme?
Aunque no me iba a llevar bien con Eric, no tenía por qué ser así con su familia. Así, si tenía una extrema educación, simpatía y bondad tal vez se pondrían, al menos un poco, de mi parte.
Jane hizo una cortísima pausa. Después dijo:
--Claro. ¿Cuánto tiempo te vas a quedar aquí, Samantha?
Esa pregunta no me la había planteado. Me quedé callada un minuto por lo menos mirando sorprendida a Jane y le dije:
--La verdad… Es que no lo sé.