sábado, 1 de agosto de 2009

Cryless

Me pregunto por qué la gente llora. Cuando están tristes, cuando están felices, cuando se emocionan, cuando se agobian, cuando sienten dolor, miedo o hasta cuando se enfadan.
Las lágrimas salen sólo cuando hay un exceso de cierto sentimiento en algún momento, es como la única manera que existe de que el alma exprese lo que siente. Nadie ha llorado nunca cuando se encuentra en un estado neutral.
Llevo año tras año estudiando la función de las lágrimas. Según mis libros de anatomía de cuando estaba en bachillerato, las lágrimas sirven para “limpiar el organismo”, para sacar el agua que dentro te sobra. Como el sudor o la saliva.
Pero lo que veo por la calle es totalmente distinto. La gente no se pone a llorar porque sí. ¿Por qué la gente llora, repito?
Tal vez os preguntaréis por qué tengo una obsesión tan grande con esto de las lágrimas, el agua, el llorar. Por qué me interesa tanto, si es lo más normal del mundo.
Es porque yo nunca he llorado.
Bueno, sí que lo he hecho, pero aquellas ocasiones fueron porque se me había metido algo en el ojo u otros factores físicos que nada tienen que ver con el alma o los sentimientos.
En ocasiones en que una persona normal hubiera soltado, aunque fuera, una simple lágrima, mi rostro seguía siendo el mismo, sin cambio.
Recuerdo que cuando tenía ocho años mi hermano mayor, Pedro, murió atropellado.
Me acuerdo que mi madre, frente al nicho, arrodillada, con una voz quebrada y temblante, susurraba “¿Por qué tú? ¿Por qué tú?” Y, cómo no, soltando una lágrima tras otra.
Y mi padre, en cuclillas junto a ella, agarrándola del hombro, con la cabeza mirando al suelo de gravilla blanca, intentando consolar a nuestra…mi madre. Me agaché ligeramente para ver su rostro. Hasta él tenía unas lágrimas reteniéndose en su rostro, por no hablar de mis abuelos, mis tíos, los amigos de Pedro…En los rostros de todos las numerosas gotas de agua bailaban por sus mejillas. En la de todos menos la mía.
Y no, no odiaba a mi hermano. Para mí era el mejor del mundo. Se portaba muy bien conmigo. Mucho mejor que los hermanos normales de diecisiete años.
Sólo miraba a la tumba, suspirando y con una rosa blanca en la mano, que agarraba tan fuerte que las espinas se clavaban en la palma de mi mano y comenzaba a sangrar, y lo hacía a propósito, a ver si con el dolor reaccionaba. Pero no, el dolor tampoco me hacía gran cosa.
Notaba como me miraban los presentes, ignorantes de mi curiosa y patética enfermedad de falta de lágrimas, me miraban como un monstruo, como si sólo fuese una egoísta que no le importaba ni tan siquiera la vida de su ser más querido. Yo me mordía el labio y apretaba con aún más fuerza la rosa del color de la nieve, cerrando los ojos y rezando para que de alguna milagrosa manera, las lágrimas salieran de una maldita vez por mis ojos. Y eso dolía. Que te juzgasen sólo por no poder hacer algo humanamente imposible, al menos para ti.
Sí, en aquella época yo ya sabía que no podía llorar. No entendía por qué, y aún menos que ahora. Nunca lloré.
Una vez, por curiosidad, le pregunté a mi madre cómo era yo cuando era un bebé. Ella, mirándome a los ojos, se sentó a mi lado y dijo: “Cariño, cuando tú eras pequeña…Nunca lloraste, y eso me preocupaba muchísimo. Hasta te llevé al pediatra, que decía que era la primera vez en su vida que veía eso. Igualmente, no le dio mucha importancia. Yo seguía preocupada, sobre todo porque tú no tenías manera de exigirme que te diera de comer, o que te cambiase, o si necesitabas mimos. Así que estaba pegada a ti 25 horas al día, por si necesitabas algo…Tu siempre me lo decías con la mirada”
¿Pero cómo es que no podía llorar ni tan siquiera cuando era una recién nacida? Si las lágrimas eran la manera en que el alma decía lo que sentía, ¿Quería eso decir que mi alma era muda? O peor aún, que no tenía alma.
Nunca tuve alma, ni sentimientos. Nunca lloré. Nunca me enamoré. Nunca me sentí del todo feliz, pero sí del todo triste.
Y, teniendo una vida que no puedes sentir, ¿Merece la pena?
Todo eso pasaba por mi cabeza en los segundos que tardaba el ascensor de un alto rascacielos de Barcelona, el último sitio donde estaría…Con vida.
***
Y éste es el adelanto del webcómic que prometí (y, aunque no lo parezca, seguramente tendra continuación, y la historia no es lo que pensáis que es. Estoy segura.
El blog ya está echo, pero no os daré la dirección hasta que lo tenga BIEN hecho, es decir:
1-Cuando tenga, por lo menos, 10 páginas.
2-Cuando tenga un buen fondo (lo estoy buscando)
3-... ... ...
Pues eso. Ala, un beso, buenas noches y buena suerte xD

4 comentarios:

Buh dijo...

Mi querer more!
Mi querer more!

Anónimo dijo...

Dios. Es increíble. Escribes de maravilla. He llegado incluso a pensar que era un retazo de algún libro. Me encanta. ^^

Sae T. dijo...

Wow, gracias *w*
Momo, tu esperar more!
Tu esperar more!

Uka. dijo...

Es... es... woh woh woh.
Genial *-*
A ver si nos dejas ver ya más xD.

Palabra de verificación: Oxong. Molaa xD.