martes, 14 de julio de 2009

La misma persona *Flashback 2*

Me costó una eternidad conseguir abrir los ojos. Tenía muchísimo sueño y la vista borrosa.
Lo primero que noté fue el dolor.
Fruncí ligeramente el ceño. Me dolía todo el cuerpo, de la cabeza a los pies.
Me puse en pie lentamente, con precaución. Sabía que estaba tan débil que podría caerme en cualquier momento, y, por si fuera poco, mi vista seguía jugándome malas pasadas. Veía dos cosas donde había una. Parpadeé repetidas veces y me froté los ojos con las manos.
Pareció surgir efecto, fijando la vista en mis manos, conseguí ver correctamente.
Un momento.
Esas no eran mis manos.
La tez era más clara. Mucho más clara.
Las manos eran más grandes, más finas.
Y las uñas…estaban algo cuidadas, eran más largas y uniformes que las mías, ya las mordía continuamente
Esas manos me eran familiares.
Miré hacia abajo. Llevaba puestos unos vaqueros, iba descalza, y con el torso al descubierto.
¿Eh?
¿Dónde estaba mi pecho?
En su lugar había un torso desnudo, plano, masculino.
¿Esto era una broma de mal gusto? No. Imposible.
Grité de puro miedo, y las lágrimas surgieron por mis ojos.
Ya no me sorprendió que la voz fuese más grave que la mía propia.
Los brazos…las piernas…Estaban plagados de pequeñas y profundas cicatrices. Nunca en mi vida había tenido tantísimo miedo.
Miré donde estaba. Estaba tan ocupada mirando los cambios en mí misma que no me fijé en lo que había alrededor.
Alcé la mano y toqué, sin comprender, que estaba aprisionada…
…por unos barrotes de acero.
Grité más fuerte aún y me abalancé con todas mis fuerzas a las paredes de mi prisión. Le pegué patadas, puñetazos, hasta llegué a morderla. No sirvió de nada, por supuesto.
Miré que había más allá de la zelda.
Había un hombre, de unos sesenta años, enfundado en una bata blanca, no muy agraciado y sin apenas pelo que me miraba fijamente.
Fruncí el ceño, y noté como las lágrimas causadas por la rabia, y sobre todo el miedo inundaban mi corazón.
– ¿Qué me has hecho? – Grité enfurecida- ¡Sácame de aquí! – Exigí - ¿Quién…qué soy?
El hombre me miró con una expresión extraña, se cruzó de brazos y soltó un sordo suspiro que parecía una risa en susurro.
¿Cómo podía tener esa sangre fría? Me lancé contra la colección de columnas metálicas, intentando llegar hasta él, para pegarle, para herirle, para lo que fuera.
- ¡Sácame de aquí! – Repetí - ¡Ahora!
–Oye, pequeña – dijo tranquilo, con una voz ronca extraña - ¿De verdad no sabes…quien eres ahora?
Me quedé parada. Con una mano en cada barrote. El hombre me tendió una especie de círculo fino. Yo, sin saber que era exactamente, lo cogí.
Era un espejo.
Me miré durante unos segundos. Vi una tez blanca, con algunas pecas y lunares. Unos ojos verdes brillaron, bañados en lágrimas y más lágrimas. Se podía ver un pelo castaño muy oscuro, desenredado.
No.
Era él.
Lancé con todas mis fuerzas el espejo contra esa especie de científico o algo parecido, que, sin mucho esfuerzo, esquivó. El espejo se rompió en mil pedazos, haciendo un ruido estruendoso.
–Sí, estas dentro de él –Enfatizó de manera asquerosa la palabra dentro – Que bien, ¿No?
Temblé con más fuerza que antes. Caí de rodillas bruscamente, y poniéndome ambas manos en la cabeza. El corazón comenzó a dar un millón de latidos por minuto como mínimo.
-Entonces –susurré, dejando rastro de mi inquietud en la voz - ¿Qué le has hecho a él?
El dolor, las heridas, el cambio de cuerpo, el estar encerrada, fue como un baño de agua caliente, como estar entre algodones en comparación con la respuesta que me dio. Hubiera preferido tener la muerte más dolorosa y larga que escuchar eso:
-No te preocupes. Ya no te molestará nunca más.

Bueno, como sabéis, los flashbacks son cosas que me ocurren a mí, convirtiéndolas en relato.
Obviamente, esto no me ha pasado a mí, bueno, sí me ha pasado, pero es un sueño.
Ésta fue la más aterradora de las pesadillas que tuve.
Lo peor es que a todas las personas que se las expliqué se rieron de mí.
Pero yo no sé que risa tiene perder a una de las personas, por no decir la persona, que más te importa en el mundo.
¿Es que acaso nadie ha amado nunca?

5 comentarios:

Nemo dijo...

Hum...No he logrado entenderlo del todo, supongo que como era un sueño influían tus cirsuntancias personales.
Pero he de reconocer que debió de ser aterrador. Estar en el cuerpo de una persona querida que ha muerto...Y encima en la carcel.
La verdad es que me ha dejado sin palabras.

Uka. dijo...

Yo también he quedado muda.
El relato simplemente es perfecto. Has conseguido ponerme la piel de gallina con el final sobre todo.
Y para serte sincera, a mí no me hace ninguna gracia. Esa sensación... supongo que no tiene que ser muy agradable. Lo siento.

Buh dijo...

A veces, cuando estoy en mi mundo, pienso en ponerme en el lugar de alguien, pero nunca me había planteado que pasaría con él.

Debe de ser horrible, y más siendo una persona tan querida (aunque no, no he amado nunca)

..................

Buah, pero que asco me da el tío de la bata, y lo que más asco que me da es que yo soy igual o más fría que él.

Anónimo dijo...

Dios. Joder. Joder... No puedo expresarlo con palabras. >_> Debió ser horrible. Horrible.



Y yo me quejaba de la pesadilla del Salón del Manga... u___u (obviamente he tenido peores que esa del Salón, pero fue tan LOL...)



x3

Sae T. dijo...

Hoshi: Lo sé, no pude explicarlo bien del todo u.uU lo personal sí que influía, ya que, si me hubiera metido en el cuerpo de otra persona, el sueño no me habría dado miedo...
Uka: La sensación es como (haciendo referencia sa Crepúsculo ;)] ponzoña de vampiro por el cuerpo.
Momo: Yo tampoco me lo había planteado. Me vino sólo. ¡Intenta amar! Es genial...Bueno, no.
Es mejor no amar (me contradigo a mí misma) si no quieres a nadie, la vida es mucho más sencilla.
Nayi: Una pesadilla es una pesadilla. Eso sí, la que tuviste tú es de lo más curiosa...
Código de verificación: Pareed